Un cohetero en cada hijo te dio

Si algo puede decirse de los mexicanos es que nos fascina la pólvora. Y mucho. Quizá no a todos, claro, pero al menos a los suficientes como para explicar las cantidades descomunales de disparos que se hacen en este país (aquí se le tira al enemigo, al inocente, al que va pasando, a los perros y gatos, a las latas, a los letreros de las calles y hasta al aire, porque hasta la alegría, cómo no, se expresa con una buena descarga de plomo). Por eso tenemos las cifras de homicidios por arma de fuego que tenemos.Seguir leyendo.

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