Tres días de furia y dolor en el rancho La Mora

Cuando Kenneth Miller, de 58 años, llegó el lunes pasado a la entrada del camino de tierra que conduce a Chihuahua no se atrevió a continuar. A kilómetro y medio de allí ardía el carro de Rhonita, su nuera, pero el miedo le había dejado paralizado, a él y a los demás. Su hijo Andre, su primo Jeffrey y el resto de hombres que había bajado con ellos del rancho, cuatro o cinco, se quedaron allí, quietos, esperando. No sabían qué ocurría. Andre había atestiguado la explosión del carro ahí mismo y había vuelto al rancho en busca de ayuda. Había visto tres hombres armados caminando poco más allá del vehículo en llamas. De eso hacía una hora. Todavía no sabían si Rhonita y sus hijos estaban bien. La explosión y luego la visión de los tres hombres les hacía preguntarse además por el resto de la caravana. Rhonita y sus hijos no habían salido solos aquella mañana del rancho La Mora. Dawna, con sus nueve hijos, y Christina, con su bebé de siete meses, les acompañaban.Seguir leyendo.

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