El PP gana 22 escaños y Casado no cierra ninguna puerta: “A ver qué hace Sánchez”

“Gracias, Pedro, por el regalo de las elecciones”, repitió la portavoz del PP en el Congreso en la pasada legislatura, Cayetana Álvarez de Toledo, en cada mitin de campaña. Los populares afrontaron los comicios como un examen de recuperación tras el batacazo de abril, cuando bajaron de 137 a 66 escaños. Ahora mejoran notablemente su representación parlamentaria, hasta los 88 diputados, pero en el cierre de la campaña habían llegado a hablar de «empate técnico» y con el PSOE e incluso de la posibilidad de «vuelco electoral», por lo que la  sensación final era agridulce en la sede de Génova.Seguir leyendo.

Vox se convierte en tercera fuerza del nuevo Congreso

Euforia en la sede de Vox. El partido de Santiago Abascal ha recibido con satisfacción los datos del recuento de votos. El partido ultranacionalista se convierte en la tercera fuerza política del Congreso, por delante de Podemos y de Ciudadanos. Se consolida la «alternativa patriótica», en palabras de Jorge Buxadé, el eurodiputado y responsable de la campaña de Vox. Con más del 99% escrutado, el partido ultra obtiene 52 diputados, más del doble de los 24 que obtuvo el 28 de abril, convirtiéndose en la fuerza política más beneficiada por la repetición de los comicios.Seguir leyendo.

Albert Rivera convoca un congreso extraordinario de su partido por la debacle electoral

Hecatombe. Ciudadanos se hunde todavía más de lo esperado. En poco más de seis meses, el partido de Albert Rivera ha visto desvanecerse todo el capital político ganado en abril, cuando rozó el sorpasso al PP y se convirtió en tercera fuerza en el Congreso de los Diputados, con 57 escaños. En un hundimiento sin precedentes, el partido ha caído a la sexta parte parte de sus escaños, hasta solo 10 diputados. Tras el despome, el líder convocó un congreso extraordinario para que los militantes decidan, pero no aclaró si se presentará. El derrumbe implica la pérdida de su escaño de los principales dirigentes.Seguir leyendo.

El PSOE revalida su victoria pero sin cumplir las expectativas de avance

La mayoría cautelosa en la que el PSOE basó su estrategia lo fue tanto que no compareció. Pedro Sánchez ganó este domingo las elecciones como ya hizo en abril, pero con un resultado peor al de hace seis meses y un horizonte endiablado: Vox disparado, la tensa situación en Cataluña y una economía a la baja. Los socialistas fueron la fuerza más votada, con el 28% de las papeletas (siete décimas menos que el 28-A) y 120 escaños (tres menos que entonces). La estrategia centrada en los abstencionistas y el electorado de Ciudadanos no fructificó.Seguir leyendo.

La repetición electoral complica la formación de Gobierno

La repetición electoral estaba pensada para desbloquear la política española, pero solo sirvió para atascarla aún más. Las cuartas elecciones en cuatro años fueron un fiasco sobre todo para la izquierda, que podía haberlas evitado, porque lejos de reforzar la mayoría que ha gobernado desde la moción de censura de 2018, impulsó al PP —que pasa de 66 escaños a 87— y permitió la explosión de la extrema derecha: Vox pasa de 24 a 53. El PSOE, que confiaba en mejorar con claridad su resultado para reforzar sus opciones de Gobierno, perdía tres escaños con el escrutinio al 99%, aunque evitó el hundimiento que pronosticaban algunas encuestas. Pedro Sánchez ganó de nuevo las elecciones, pero tendrá más difícil formar Gobierno que en abril.Seguir leyendo.

Iglesias: “Es una necesidad histórica un Gobierno progresista que pare a la extrema derecha”

Pablo Iglesias se había propuesto el mismo objetivo del 28-A: sumar para gobernar. Pero Unidas Podemos (12,8% de los votos) ha vuelto a perder electores: más de medio millón de votos. Se quedó en 35 diputados, siete menos que en las pasadas generales (42). Una nueva caída que hace tambalear, un poco más, su suelo electoral y que le aleja de sumar una mayoría parlamentaria con el PSOE. Pese al debilitamiento, la noche del domingo volvió a tenderle la mano a Pedro Sánchez para formar un Gobierno de coalición. “Si después de las elecciones de abril era una oportunidad histórica, ahora es una necesidad histórica. La única manera de frenar a la extrema derecha”, aseguró.Seguir leyendo.

Bolivia como síntoma

Bolivia se ha convertido este domingo en un símbolo. La renuncia de Evo Morales es el síntoma del agotamiento de un modelo que había generado una fuerte contestación social y al mismo tiempo la preocupante demostración de que el poder en América Latina depende aún hoy de las Fuerzas Armadas. La grave convulsión por la que atraviesa el país desde las elecciones del pasado 20 de octubre describe sus propias dinámicas, es un reflejo de su historia reciente, pero al mismo tiempo las trasciende. Lo que ha sucedido afecta a los valores de la democracia, de un lado y de otro, ya que en este proceso estaban en juego un estilo de gobierno pero también el ejercicio de una oposición responsable.Seguir leyendo.

Casilla de salida

Las elecciones generales no han resuelto las dificultades para acordar una mayoría de gobierno. Por el contrario, las han agravado, corroborando la inutilidad de regresar a las urnas en busca de solución aritmética para un problema que era y es de otra naturaleza. Trasladar la lógica de la mayoría absoluta desde los partidos a los bloques ha provocado una grave parálisis política y, simultáneamente, una polarización y una radicalización de la vida pública española cuyo resultado más palpable ha sido el alarmante fortalecimiento de la ultraderecha.Seguir leyendo.

El giro de una cúpula militar cortejada por el presidente Evo Morales

Uno de los factores clave de la caída del presidente de Bolivia, Evo Morales, ha sido el papel pasivo que adoptaron las Fuerzas Armadas, que decidieron “no enfrentarse al pueblo”, primero, y que, después, pidieron la renuncia del mandatario. Este hecho es paradójico, porque los militares han sido sistemáticamente cortejados por Morales y su Gobierno, que les ayudó financieramente, les cedió espacios de la Administración del Estado, como la aeronáutica, aumentó su presupuesto y mantuvo excelentes relaciones con sus comandantes, el último, Williams Kaliman, incluido, quien fue criticado por sus halagos a Morales, que los oficiales consideraban “su presidente favorito”.Seguir leyendo.