Hong Kong, crónica de una rebelión

LA ENTRADA DE la Universidad Politécnica de Hong Kong se abría como una herida negra sobre el ladrillo rojo. Sobre la escalinata de acceso, un amasijo de hierros deformados, cristales rotos y sillas a medio calcinar dejaban clara la intensidad del choque. Cócteles molotov a punto para su uso. Paraguas de todos los colores. Botellas, cascotes, un extintor. Cascos, guantes, gafas protectoras esparcidos por el suelo. Ceniza y polvo. Moscas revoloteando. Un olor de comida putrefacta llegaba a ráfagas. Sobre la destrucción y un silencio casi de cementerio, un único objeto intacto: una banderola borgoña y gualda daba aún la bienvenida a la 25ª reunión de antiguos alumnos y claustro.Seguir leyendo.