Historia de un juez invisible

“Cuando se juzgue al presidente de los Estados Unidos deberá presidir el del Tribunal Supremo”. Artículo uno, sección tercera, cláusula sexta. Y ya. Eso es todo lo que dice la Constitución sobre el papel que le ha sido encomendado a John G. Roberts Jr., presidente de la más alta instancia judicial del país, cuya posición en el Senado es más incómoda de lo que sugiere la butaca acolchada, más alta que las otras y reservada al vicepresidente del país, en la que echa las tardes desde que, hace 10 días, diera el solemne paseíllo desde el Supremo hasta el Capitolio.Seguir leyendo.

CategoríasSin categoría