El ‘Pequeño Nicolás’ venezolano

El cónsul de Venezuela solía pasear a su perro a primera hora de la mañana por las calles todavía desiertas de Malasaña. Vestía chaqueta negra de corte largo, zapatos de cuero, camisa planchada en la tintorería, un cinturón con una hebilla dorada. Al regresar al edificio aguardaba en la entrada unos segundos, sin tocar el timbre ni hacer ademán de sacar el juego de llaves del bolsillo. Hacía oídos sordos a la chicharra que anunciaba la apertura automática. Esperaba hasta que el portero abandonara la garita y empujara por él el pesado portón de acceso.Seguir leyendo.

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